domingo, septiembre 10, 2006

 

Vestuarios

A pesar de que este pretende ser un espacio de reflexiones#bollos#maricas, muchas veces no puedo evitar hablar desde mi experiencia: he sido educado, he crecido y me he desenvuelto por espacios masculinos. Escribo este texto sin tener la más remota idea de cómo viven las chicas eso del vestuario. Es más, ni siquiera creo que la mayoría de maricas vivan la experiencia del vestuario masculino tal y como yo la describo aquí. Ojo, que escribo sobre los vestuarios en espacios de masculinidad tradicional, aquellos en los que se presupone que todos los hombres allí presentes son hetero, así que no cuentan los vestuarios del Holiday Gym ni otros similares de colonización gay y cancaneo.

Con lo del vestuario masculino y la homosexualidad hay varias leyendas y mitos circulando por ahí. Hay algunas historias rancias y homófobas, como esa del jabón que se cae en la ducha y según la cual en ese momento un maricón te meterá la polla por el culo, ¡cómo si fuera tan fácil que entre! Aunque, claro, con tanto jabón… Esta historia del jabón siempre me hace pensar en aquello que dicen a veces algunos heteros cuando están en un espacio en el que hay uno o varios maricas: “¡los culos contra la pared!”, “¡hay que ponerse un tapón en el culo!”... Curiosamente, muchas veces ocurre que los que hacen este tipo de comentarios no suelen ser demasiado agraciados físicamente y, después de mirarlos de arriba a abajo, a mi siempre me da por pensar: “¡Pobre! Pero, ¿te has mirado en un espejo? ¡A ti seguro que no te entra ni siquiera una marica desesperada durante las rebajas de última hora en el cuarto oscuro del Strong!”.

Se escuchan historias insólitas sobre esto de los vestuarios, como que
si eres gay se nota porque siempre te ducharás o vestirás/desvestirás mirando al respetable y si eres hetero lo harás mirando a la pared (?). Yo, lo confieso, cuando me tenía que cambiar al salir de la piscina, en el judo o en clase de educación física, siempre me he sentido bastante cohibido en los vestuarios masculinos y más bien me miraba los pies poniéndome de espaldas a todo el mundo. Supongo que el armario que todas llevamos a cuestas y mis complejos corporales –lo mío era tener mucho vello corporal desde pequeño– era lo que me empujaba a aislarme. Por otro lado, eso también me hacía librarme de participar en alguna de las conversaciones estrellas de este contexto: chicas, novias y esposas por un lado y, sobre todo, fútbol y demás deportes por otro. Sinceramente, no tenía mucho que aportar ni en unas ni en otras. A veces, más de las que en un principio cabría esperar, había comentarios sobre los cuerpos y genitales del resto del personal acompañados de gestos y juegos homoeróticos disfrazados de camaradería en los que ni de lejos me atrevería a participar.

Así que esa era mi experiencia del vestuario, dejando escapar alguna mirada furtiva más de curiosidad que de deseo y vistiéndome rápido para escapar lo antes posible de un espacio que sentía hostil. Luego vas creciendo y muchos amigos que entienden te empiezan a contar historias morbosas que les ocurrían en los vestuarios. Historias que a mi me hacían sentir del mismo modo que cuando escucho eso de las masturbaciones colectivas de adolescentes por las que todos los chicos parecen haber pasado menos mi amigo Jesús y yo.

Sin embargo, en los últimos años, hubo un acontecimiento que me hizo darme cuenta de repente de que mi presencia y mi actitud en los vestuarios masculinos había cambiado: sin venir a cuento ¡me invitaron a ir a jugar a un partido de fútbol el fin de semana! Os confieso que fue un shock para mí porque en una especie de “flash back” de esos que dicen que te dan cuanto estás a punto de morir, pasaron por delante de mi imágenes de todas las veces en las que esas invitaciones estaban dirigidas a otros; mi incorporación durante los últimos años a las conversaciones en los vestuarios; el comenzar a observar con naturalidad y sin pudor los cuerpos de los demás; hablar con el resto de gente que había por allí mientras me secaba el paquete… Confirmado: me había reconciliado con mi propio cuerpo y el armario ya no me lo llevaba al vestuario porque prefería utilizar la taquilla. Mi respuesta fue: “No, gracias, no me gusta el fútbol”.

De despedida, este video ultra petardo de una cantante francesa también petarda, Clarika. Se titula “Les garçons dans le vestiarie”, o sea, los chicos en el vestuario:


Comments:
Querida Doctora Queer, semana tras semana, me embarga el anhelo y la impaciencia de sentarme a leer y disfrutar de su post dominical, que se me antoja un espacio de reflexión, si me permite decirlo, más suyo que mío. ¡Cual un espejo esclarecedor se yergue este sitio! ¡Cuánta autenticidad hallo en sus palabras! Se nota que conoce el alma maribollo en toda su complejidad. Es, sin duda, usted una de las nuestras.

Por ello, me atrevo a remitirle mis propias experiencias. En efecto, no sin cierto pudor. Van, como sin orden, unas detrás de otras y se refieren a los dos últimos post:

Demasiado ocupada en lograr seguir las indicaciones de mi cincuentón de entonces a la hora de comerle el rabo, no participé nunca de masturbación colectiva alguna durante mi adolescencia. Eso sí, me convertí en una experta libadora y creo que la lengua gala se me da tan bien como a Clarika la petarda. O, al menos, eso dicen los que han saciado mi sed.

Tampoco recibí invitación alguna a jugar los partidos de fútbol del domingo. Cuestión de ademanes, imagino.

De mi cincuentón me quedó el gusto por las barrigas, que parece que comparto con sus amigos Marco y Antonio, perdón Octavio. Por cierto, ¿cuál de los dos es ese guapo iraní que aparece en la foto y que se diría salido de un anuncio tipo “¿A qué huelen las cosas que no huelen?”.

Como digo, soy más bien “barrigas lover” aunque, en realidad, me encantaría ser como Jordi y navegar por continentes desconocidos en busca de nuevos contenidos. Desarrollaría así, claro está, mi faceta de chica exploradora. Conseguiría incluso, quizás, tener ese magnífico look tan cool y seductor de chica con gabardina que espera en parada de autobús con anuncio fashion al fondo. Me encanta la foto.

Continentes varios hubo siempre en los vestuarios. Yo me decía: “no mires que se te va a notar, bonita”, como si no se hubiesen dado cuenta al verme gritar el “Kiá” japonés con mi particular movimiento de cabeza aprendido viendo a las Bangles cantar el "Dance like a egyptian". Yo es que siempre he estado por la
interculturalidad.

Y luego estaba la cosa de los complejos: de camino a las duchas, me tapaba yo mis partes con una toalla, dejando ver únicamente mis prietas nalgas peludas, como queriendo demostrar a todos los videntes que genéticamente era yo muy macha.

Ya de adulta, en la piscina de la calle Pradillo, me atreví a mirar. ¿Y qué fue lo que vi? Pues que a los que les cuelga un pollón se duchan de frente, se tardan horas en quitarse la espuma y lo chorrean todo porque siempre se les olvida la toalla. Es decir, que si ves a uno de cara a la pared asegurándose constantemente de tener la toalla cerca, lo más probable es que tenga una almendra entre las piernas. Ahora bien, las almendras no siempre son amargas… Pero este tema pertenece ya a otro post.
 
Primero comentar que: donde esta ese vestuario? dimelo Ya!!!

Y segundo: lo del comentario del jabon y los culos contra la pared... Pues no Hay que tener el culo bien trabajado para que la cosa sea tan facil!!! Una vez ligué con una Fistfera declarada y yo pensando que todo entraria como en una boca de metroy cual fue mi sorpresa cuando me dijo: ten cuidado que me haces daño!
 
Querida doctora, me ha encantado tu verde texto (utiliza otro color maja, que me he dejao la vista). Cuantos no nos hemos duchado en los gimnasios de los institutos para no padecer acoso,cuantos teniamos que soportar el propio sudor hasta llegar a casa, cuantos profes hacían la vista gorda ante las bravuconadas de los adolescentes opresores, !cosas de crios!, que os jodan profes indolentes que no visteis como nos machacaban (en mi caso un bizco malencarado al que llamaban calimero -yo nunca me atreví-). Joder todavia no puedo mirar con naturalidad en los vestuarios. Acuerdate querida doctora aquella tarde en la pisci de la UAM, que buenos mozos pacían en el soleado cesped y yo que solo recuerdo el azul del cielo y el brillo de los azulejos de las duchas, mierda, mierda y mierda. Solo en las brumas de la sauna o en la calima de las playas atiendo a los turgentes muslos y a los brotes de pelo púbico,claro es un espacio seguro, pero ¿que hacemos con el tiempo perdido? Sige/segid, doctora, Octavio adecentando profes para que ellos no merezcan la violencia que se les viene encima.
SALUDOS LISONJEROS
 
Pues yo y aún sabiendo que es mi primer comentario en este blog y que quizás debiera ser más comedido...tengo que decir que a mí el tema vestuario me pone que me pone... aunque nunca tuve la suerte de que nada me pasara o pasase en tan entrañable lugar. Ni en el gimnasio (quizás porque no soy nada persistente y sólo voy meses sueltos) ni en el colegio (aunque ahora que lo digo...creo recordar una historia...pero bueno, eso otro día).
En cuanto a lo del jabón sólo puedo decir...y una mierda!! ni siquiera con los geles más compatibles con el ph de mi pene y totalmente hidrosolubles, yo no llego más allá que lo mi naturaleza me permite (bueno, quizás un poco más...).
De cualquier manera, sólo quiero decir que me reí mucho con algunos comentarios y que espero seguir visitando tan agradable sitio.
 
Les garçons dans les vestiaires...
besos desde L.
 
Jejeje, me sumo a Jesús y a ti. Pensaba que yo era el único que al que no había participado en pajas colectivas.
Besos desde Mallorca y sigue con el blog.
 
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